Cuentos del taller de escritura creativa

EL MISTERIO DE LA ESCUELA

Cuentos del taller de escritura creativa

Escuela primaria Nº 224, Zavalla

Ese viernes tercero “A” el único grado que iba a asistir. Y a las 13:15 puntuales, todos estaban formados en el patio cubierto.

-Buenas tardes – dijo la directora.

Y todos los alumnos saludaron muy educadamente.

En la primera hora tenían tecnología y ese viernes iban a inaugurar el nuevo salón. Cerraron la puerta y en ese preciso instante se escuchó un ruido muy fuerte, y las ventanas y la única puerta se trabaron como si alguien las hubiese soldado. Los bancos empezaron a moverse, a volar y de las paredes salieron voces malvadas.

Las luces se apagaron y las tizas escribían solas en el pizarrón.

“LOS VOY A MATAR A TODOS”

Se empezó a trazar un mapa y el destino decía: “MUERTE”

“DESPUES DE MUERTOS VOY A PRENDERLOS FUEGO”

En ese mismo instante el pizarrón se empezó a deformar y se transformó en caras horripilantes de monstruos horribles y el borrador se multiplicó y empezaron a volar por el aire y nos atacaban.

-Salgamos urgente – gritaron.

Y entre todos le dieron mil golpes a la puerta hasta que se abrió. Corrieron fuera de la escuela pero el edificio completo los perseguía.

-¡La escuela nos quiere matar!

Los bancos les pasaban a un centímetro de la cabeza, y desesperados lograron esconderse en el cementerio.

Allí, de repente, un silencio profundo se apoderó de toda la situación. Las tumbas, lentamente comenzaron a moverse y miles de esqueletos salieron y los atacaron. Después de correr como locos, llegaron a esconderse en una iglesia abandonada donde los vidrios explotaron, y la puerta se abrió de par en par y así lograron salir y regresaron a la escuela, que de un modo increíble estaba como siempre.

Despacito, mirando para todos lados, entraron y fueron al salón de siempre, donde la seño los estaba esperando para hacer un trabajo especial.

 

 

 

UN DULCE PELIGROSO

Escuela primaria Nº 224, Zavalla

Los alumnos de tercer grado B de la escuela 224 entramos a la sala donde la portera iba a enseñarnos cómo hacer el dulce de naranjas.

-Va a ser el más rico del mundo – nos dijo y empezó a tirarle adentro de la cacerola todos los condimentos.

Agarró una jarra roja con rayas blancas que estaba llena de veneno pero ella creía que era el mejor de los dulces. Se lo tiró completo y empezó a revolver. El contenido de la olla se puso verde. Un color verde súper horrible que despedía un humo con un olor muy feo. Todos los chicos de tercer grado empezaron a desmayarse, pero Abril se dio cuenta y se puso la remera en la cara. De golpe se escuchó la voz de una bruja que decía:

-¡Ua ja ja ja!, soy una malvada bruja con una nariz puntiaguda y un grano, que si lo toco fabrico unos poderes malignos.

La portera quiso salvar a los chicos pero justo en el momento en que intentaba tapar la olla, la malvada bruja se metió debajo de la mesa y la levantó por los aires.

Abril, que tenía la cara cubierta con la remera, se fue a la sala de al lado a fabricar una poción que pudiera despertar a todos los niños y que en el mismo momento la bruja malvada se muera.

Agarró una jarra rosa con flores rojas y empezó a mezclar todo con agua y le puso un condimento y un montón de pimienta para que cuando la bruja lo huela le explote el grano. Abril con mucho cuidado, desparramó su poción por el piso. La bruja no se dio cuenta y dijo:

-El veneno que desmaya a los chicos, a mi me fortalece.

Y se puso a lamer todo el piso sin darse cuenta de que estaba mezclado con la que había hecho Abril y de ese modo, estornudó re fuerte y el grano le explotó.

Valentino, se despertó primero y cargó todo lo que pudo dentro de una jeringa que se la clavó a la maldita bruja en el hombro y así la hizo morir.

Uno a uno, los chicos se fueron despertando y cocinaron el más rico de todos los dulces. 

 

 

UNA SALIDA PELIGROSA

Escuela primaria Nº 224, Zavalla

El mensaje fue claro. A las doce de la noche en la plaza principal.

Eran las menos cuarto y algunos ya estaban acercándose. La plaza principal era un lugar donde siempre, sea el día que fuere y sea la hora que fuese, siempre estaba lleno de gente, pero ese día, a pesar de ser viernes, estaba sola. Sola, oscura y tenebrosa.

Era viernes. Y de los quince que habíamos prometido ir, llegamos trece. De pronto la situación se tornó muy clara. Se había convertido en un terrorífico viernes 13.

-Seguro que no les dieron permiso para venir, así que vámonos.

Y nos subimos a las bicis para ir al boliche. A mitad de camino se escuchó un ruido. ¡Psssss!. A Lucas se le había pinchado la rueda delantera.

-Espérenme – gritó.

-Nosotros seguimos, vos apurate.

Lucas levantó la cabeza y de pronto no había nada. Estaba completamente solo. Como salido de una película de terror, empezaron a aparecer ráfagas de viento y una infinidad de relámpagos. Entonces Lucas gritó:

-No me dejen solo.

Y de repente para él, todo se oscureció.

Se despertó en un sótano, y estaba maniatado en una silla.

-Tanto va a tardar con  una pinchadura de bici – pensaron sus compañeros mirando para atrás.

Y dieron la vuelta para ir a buscarlo. Encontramos solamente la bici  y empezamos a seguir las huellas. Nos encontramos con la iglesia. Entramos y vimos a nuestro amigo atado. De la cabeza la caía un hilo de sangre, y no nos reconoció.

-¿Ustedes quiénes son?

-Somos tus compañeros, vinimos a rescatarte.

Escuchamos pasos bajando por la escalera. Era el padre Mateo con un cuchillo y gritando:

-¡Te voy a matar!

En el último escalón se tropezó. 

-¡Ah la pierna!

Desde el piso nos miraba con el cuchillo clavado y uno de los santos que estaban en la estantería de al lado se le cayó en la espalda. En eso vimos a Roque, el perro, que bajó por la escalera le hizo pis en la sotana y después le lamió la cara.

Mientras todo esto pasaba, nos dimos cuenta de que no era el padre Mateo, sino un secuestrador que se había disfrazado, así que lo dejamos ahí y mientras soltábamos a Lucas, llamamos a la policía.

 

 

LA MOMIA ASESINA

Escuela primaria Nº 224, Zavalla

Había una vez un castillo viejo y quemado. Adentro había una momia fea, arrugada y mala que se llevaba a las personas para cocinarlas y comérselas.

Los chicos de segundo grado de la escuela 224 de Zavalla, a las tres de la mañana se fueron de viaje y se perdieron. Entraron a ese castillo a averiguar que había y encontraron a la momia y salieron corriendo.

Se escondieron debajo de la cama que era muy grande porque también vivían unos gigantes. Allí abajo se pusieron a ver de qué manera podían salvar a todas las personas que esa maldita momia estaba cocinando.

Priscila gritó:

- ¡Tengo una gran idea!

Y se las contó a todos en voz baja para que la momia no escuche nada. Despacito y sin hacer nada de ruido, fueron todos hacia el lugar donde estaba esa inmensa olla con agua hirviendo. Arrastrándonos, abrimos la puerta y les dijimos a las personas que salgan corriendo.

Una vez que la gente estaba afuera, entraron y agarraron la punta de la venda de la momia y corrieron. La momia mala se quedó adentro dando mil vueltas como si fuera una calesita hasta que toda la venda quedó en poder de los chicos de segundo y sin dudarlo la tiraron al ardiente fuego. Cuando la venda se consumió por completo, la momia se transformó en cenizas y la metieron en la inmensa olla.

Colorín colorado este cuento se ha acabado.

 

 

 

EL CAMBIAFORMAS

Escuela Primaria Nº 224, Zavalla

El jueves a la mañana estaba todo listo para que en la escuela 224 la fiesta empiece. La bandera terminó ondulando en lo alto del mástil y la banda tocó unas canciones que todos bailamos.

Ahí fue cuando cambió… cuando todo cambió. El churrero entró, y la cara de la directora fue de sorpresa. No estaba entre los invitados y no era el que siempre pasaba por la puerta de la escuela. Pero igual entró y empezó a regalar churros a los presentes. La cola frente al carro era inmensa. Los chicos estaban contentos y no podían creer que estaba pasando una cosa tan divertida.

Agarraban el churro que les daba y salían al patio descubierto. Uno a uno iban cayendo y el churrero tenía una cara de felicidad cada vez mayor. La directora agarró el churro que le correspondía y en lugar de comérselo se metió a la cocina a inspeccionarlo.

Se sentó con cuidado, lo cortó al medio y en vez de dulce de leche salió un líquido verde con olor a podrido.

Empezó a  probar con lo que encontraba a ver cuál era el antídoto que contrarrestaba el efecto mortal de ese veneno maldito. Nada funcionaba, nada de todo lo que aparecía en los rincones de la cocina hacía efecto.

La directora estaba muy nerviosa. Los alumnos, los docentes y los padres que habían ido a la fiesta estaban cayendo sin vida y empezaban a tapizar el patio descubierto. Entre las cosas que había en el armario encontró un tarrito que decía “AGUA BENDITA”

Lo agarró y corrió al patio. Le alcanzó para rociar a dos seños, varios chicos y se gastó. Se despertaron y vieron toda esa montaña de gente muerta cubriendo la totalidad del patio.

-Me tienen que ayudar – gritó la directora – hay que ir a la iglesia y traer toda el agua bendita que puedan.

Salieron corriendo las siete cuadras que los separaban de la iglesia. Allí cargaron tres bidones. Volvieron a la escuela y buscaron a Graciela. Era unas de las desmayadas. Le tiraron unas de las gotas de agua bendita y se despertó un poco. Estaba medio mareada y le preguntamos cómo se activaban los rociadores del patio.

-Hay que ir al sótano, llenar la bomba y traer la manguera del ático.

Dijo eso y nuevamente se desvaneció. La directora de pronto empezó a dar órdenes para que algunos busquen la manguera y otros vayan llenando la bomba.

El churrero se dio cuenta y fue a cortar la luz pero llegó tarde. Los rociadores ya habían arrancado. La directora estaba ayudando a que la gente se despierte y le iba contando la historia y todos salieron corriendo a atrapar al churrero, quien al intentar escapar, se tropezó, se cayó y se tragó uno de sus propios churros envenenados. La gente cuando lo vio desvanecido, lo llevó a la comisaria. Los policías lo metieron en una celda. Allí le tiraron agua bendita para que despertara y se dieron cuenta de que era un cambiaforma. Le tiraron un millón de churros hasta que lograron dormirlo de nuevo y lo trasladaron a una prisión de cambiaformas con barreras de lásers que lograba que no se escape porque se lastimaba.

 

Allí, el maldito churrero cambiaformas se quedó hasta el último de sus días.

 

 

EL CANILLITA FANTASMA

Sextos grados turno mañana, Escuela Gurruchaga

Pasó un terrible miércoles de agosto. El aire tenía un olor raro y unas nubes espesas lo cubrían todo.

Fue muy feo, ojalá pudiésemos olvidarlo.

Sexto grado salió puntual hacia la parada del colectivo. Estábamos contentos. Por fin había llegado el día de visitar el Diario La Capital. Los que siempre caminan lento venían un poco retrasados y la seño tuvo que apurarlos para que no se nos pasara el colectivo.

- Vamos, vamos, suban.

Entre empujones y bromas, a la hora justa, todos subimos puntuales. El chofer parecía simpático, y a las dos o tres cuadras se detuvo y se bajó a comprar algo. Un canillita, con pantalones cortos y cara rara, subió.

El colectivo entero se transformó en silencio. El canillita nos miró fijo, hizo un movimiento brusco con su brazo y los pasajeros desaparecieron. Todos menos nosotros, los de sexto grado de la Gurru.

La seño avanzó dos pasos para ponerse adelante nuestro, pero sin ningún tipo de explicación, por todo el colectivo empezaron a volar ejemplares de la primera edición del diario. Esa edición que ocurrió el 15 de noviembre de 1867.

Todos gritamos desesperados y cuando quisimos bajarnos, las puertas se trabaron y quedamos atrapados sin posibilidad de hacer nada. El canillita comenzó a gritar, abrió sus brazos y al cerrarlos de golpe, hubo una explosión y despareció.

- ¡Correte!

- ¡No me empujes!

Nos dimos cuenta que todos estábamos apretados, todos nos molestábamos. Y de repente, Bianca gritó:

- ¡Estamos adentro del diario!

Y era verdad. Sin saber cómo ni por qué, habíamos quedado atrapados entre las páginas de la primera edición de la historia del diario.

La noticia que resaltaba era una que decía que nuestra ciudad estaba sucia, y esa suciedad generaba infinidad de enfermedades que hacía que la gente muriese.

Nos remangamos las camisas y empezamos a ayudar, pero casi de inmediato, notamos como nos llenábamos de polvo. Un polvo pegajoso y sucio. Mientras más nos frotábamos para sacárnoslo, más se nos pegaba. Era asqueroso. De repente, Agustín se desmayó, y así empezaron varios a caerse y nos salían granos y tumores de un tamaño anormal con mucho pus y olor. La mayoría ya tenía el cuerpo cubierto y de golpe empezaron a desaparecer.

- Tenemos que encontrar la manera de curarnos.

 Entre las noticias encontramos la inauguración de una iglesia, y hacia esa noticia nos dirigimos.

Cambiar de noticia era como pasar por un portal. Entramos a la iglesia y nos dimos cuenta que al mojarnos con el agua bendita quedábamos inmunes a la peste. En medio de nuestra alegría empezamos a notar que la gente nos miraba con cara torcida, desconfiada. Nuestras ropas y nuestra manera de hablar eran de otra época. La gente se acercó como para atacarnos; nosotros le tiramos agua bendita a sus enfermos, y se curaron, fue entonces que empezaron a confiar en nosotros.

Milena, estaba quieta en un costado pensando, ella siempre piensa y en un instante, en voz alta nos sorprendió y nos dijo:

- Hoy es 15 de noviembre, es San Leopoldo, el santo de los valientes del ejército, eso es lo que ahora somos. Somos los valientes que estamos en una iglesia para salvar a toda nuestra ciudad y a nuestros compañeros.

Santino, gritó:

- ¡Miren, ahí se abrió el portal del agua bendita!

Y todos corrimos a meternos porque vimos que del otro lado estaban nuestros compañeros.

Ya adentro, empezamos a tirarles agua bendita y nos dimos cuenta de que volvían a la vida. Nos estábamos alegrando cuando de repente, desde otro portal que era de otra noticia, apareció otra vez el canillita convertido en fantasma.

Nos pusimos enfrente de nuestros compañeros para que no pueda tocarlos, pero él, se hizo de humo y pasó igual. Se les acercó y los sopló, y otra vez, se desvanecieron. Franco se enfureció y empezó a tirarle un millón de golpes, pero todo era en vano.

El canillita, de repente voló y desde el techo nos dijo:

- Para salvarlos existe solo un modo, tienen que entregarme el alma de uno de sus compañeros. 

Desde atrás, en silencio y avanzando lento, con sus pelos desordenados, Atuel, dijo:

- Si es para salvar a mis compañeros, yo entrego mi alma.

Santiago se paró de golpe y dijo:

- ¡No!, que sea mi alma.

Los dos compañeros se abrazaron y se pararon frente al canillita que no paraba de reírse.

-No quiero dos almas… quiero una sola.

Bianca se levantó y dijo:

-Vamos a sortearlo.

El alma que se entregó fue la de Atuel.

Se hiso un silencio profundo y comenzó el ritual. Atuel se sentó en el centro del lugar y comenzó a escribir su vida. Todo lo que pasaba en esa dimensión era aterrador, como si estuviésemos en un cementerio. Los compañeros que estaban desvanecidos, a medida que pasaba el tiempo iban deformándose cada vez más.

Se escuchó de repente la voz de Ciro que gritó:

- ¡Escribí más rápido que se van a morir todos!

Atuel respondió:

- Más rápido no puedo.

Jeremías lo empujó y le dijo:

- Yo conozco toda tu vida, dejame que escribo yo.

Jeremías, como si tuviese tres manos, escribía a toda velocidad. Baltazar enojado dijo:

-¿Qué te pasa?, ¿Querés que se muera rápido?

Jeremías hizo de cuenta que no escuchó nada y siguió escribiendo. De pronto se paró.

- ¿Y ahora qué hacemos?

-Tienen que tirarlo acá - dijo el maldito canillita hecho fantasma mientras se reía de forma sucia.

Jeremías levantó el brazo, dio una vuelta, cerró los ojos y tiró el papel.

De forma inesperada, el fantasma empezó a deformarse, a prenderse fuego, y de repente, en medio de una terrible explosión, el canillita desapareció y todo sexto de la Gurru estaba tirado en el piso del Diario La Capital.

- ¿Qué pasó? – se preguntaron, y Jeremías, se paró, abrazó a Atuel y dijo:

- Antes de venir a la visita, Milena, me contó la historia del canillita del diario. Ahí me dí cuenta de lo importante que es estudiar. Lo que yo hice fue escribir en el papel la historia del canillita. Por eso explotó.

Y de ese modo, todo sexto se abrazó y en grupo, empezaron a hacer el recorrido dentro del hermoso Diario.

 

 

 EL MALDITO VIAJE EN BARCO

Séptimo grado turno mañana, Escuela Maternal N°1 

Ese martes amaneció diferente. El cielo estaba gris y las personas demasiado raras. Séptimo grado había organizado el viaje en el barco Ciudad de Rosario hacía varios meses, y por fin el tan ansiado día había llegado. Todo era alboroto, gritos, bromas y alegría. Una bandera gigante cruzaba de lado a lado.

La seño se paró en el borde de la escalerita para subir al barco y nos empezó a llamar de a uno.

- ¡Brisa! – gritó uno de mis compañeros - ¡No vino Brisa!

Siempre era la primera y nunca faltaba a nada. Con todo lo que había colaborado para que podamos hacer el viaje era imposible que no esté primera en la fila. Los celulares estallaron de inmediato.

- Los mensajes no le llegan.

- Las llamadas van directo al buzón.

Una madre dijo con voz preocupada:

- La mamá no responde nada en el grupo.

Y de repente, todos, sin ninguna explicación, nos quedamos sin señal.

La alegría en un solo segundo había desaparecido. Ahora solo había confusión y nervios. El capitán, desde arriba del barco gritó:

- ¡Vamos, todos a bordo!

La seño se dio vuelta y nos miró. Hizo un ademán raro y después:

- ¡A subir!, ¡vamos, ya mismo todos a subir!

- Pero, seño, Brisa no está.

- El horario estaba muy clarito. Era a las 9:30.

Y nos empujó. Estaba diferente. Yo pensé que eran los nervios de tenernos a todos arriba de un barco. Pero no… algo más estaba por pasar.

Empezamos a subir despacio y sin cantar. Estábamos tristes. Todos mirábamos a lo lejos a ver si aparecía. Desde el barco se veía el monumento, y todo lo que hasta hacía un rato era lindo, ahora parecía espantoso.

- ¡Allá viene! 

- ¡Sí!, ¡Allá viene!

Brisa se bajó del auto y corrió. La seño hizo de cuenta que no le importaba y le dio la orden al capitán que saque la escalera. El capitán, despacio y como si estuviese hipnotizado, empezó a recogerla.

- ¡Espere! – gritamos todos - ¡Es la que falta!

La verdad que no puedo dar detalles de cómo hizo para alcanzar la escalera, pero Brisa, saltó y se prendió como una garrapata. El capitán, como si nada estuviese pasando, siguió despacio, levantando la escalera y Brisa trepaba como podía sin que la ayude nadie.

- ¡Déjenos pasar así la ayudamos!

- Por acá no pasa nadie – dijo el capitán con voz ronca.

Brisa arañaba la escalera esforzándose por subir y el capitán y la seño solo la miraban. Hasta que nuestra compañera subió. Todos saltamos de alegría. Todos menos la seño. Que cada vez estaba más rara.

La seño nos reunió a todos para darnos una charla y dijo que iba a hablar con el capitán para preguntarle cuántas horas eran de viaje. Empezamos la recorrida con la guía y nosotros pensamos que la seño ya había vuelto pero en realidad no.

Pasaron tres horas y el barco comenzó a frenarse, nos empezamos a preocupar porque escuchamos un grito de auxilio y nos separamos en equipos para averiguar de dónde venían esos gritos, Diego y Lucas decidieron ir a buscar a la seño, se fueron hasta abajo del barco, y en solo instante los dos desaparecieron, Ximena escuchó el grito de Lucas pidiendo ayuda, y se le dio por ir a ver qué pasaba.

Ximena se asustó al ver que Lucas y Diego estaban atados en un cuarto oscuro y ahí fue que salió corriendo a avisarnos a todos y empezamos a sospechar que el asesino podría ser nuestra seño, ya que no estaba haciendo la recorrida y los chicos estaban atados.

De pronto, escondida entre unos hierros la vimos. Estaba con el capitán del barco. Entre todos nos pusimos de acuerdo para atarlos y desenmascararlos para ver quiénes eran realmente. No eran ni la seño ni el capitán. Eran dos malditos asesinos de chicos. Tomás fue a agarrar el timón para regresar a Rosario. Stefanía llamó a la policía para comunicarles que estábamos con dos asesinos que habían secuestrado a la maestra y al capitán para hacerse pasar por ellos y asesinarnos a todos.

De pronto escuchamos unos gritos ahogados. Eran la seño y el capitán que estaban maniatados. Los soltamos y la seño apareció corriendo desesperada y llorando, nos abrazó a todos y nos pusimos contentos al verla de nuevo con nosotros.

Continuará.....

 

 

 

 

 

 

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